Por el Lic. Jorge Collado
Así tituló Beatriz Guido una de sus novelas, que devoré a los 14 años y contaba la historia del incendio del Jockey Club de Buenos Aires, como el acto preliminar de los enfrentamientos de la época entre el peronismo en el poder y la oligarquía argentina. La excelente novelista, casada con el cineasta Torre Nilson, una especie de Victoria Ocampo de los ‘60, no tenía idea que su novela podía reeditarse en este siglo. Aclaro que sin la violencia de aquellos años y esperando que las amenazas del indigno Astiz, solo se gesten en su enferma cabeza y no exista en este país otras enfermas cabezas que sueñen con muertos y sangre de compatriotas.
Pero hagamos un poco de historia. El primer gobierno peronista trajo para la sociedad, en el campo de las leyes sociales: jubilación, vacaciones pagas, aguinaldo, estatuto del peón de campo y voto femenino. Estas medidas ponían a la Argentina como uno de los países pioneros en proclamar este tipo de leyes, y se aprovecho que las multinacionales estaban quebradas por la guerra, entonces fueron a regañadientes aceptadas.
El problema es en el segundo gobierno, muerta Eva, se necesitaba una “revolución cultural” que devolviera el brío transformador de su primera etapa, la equiparación legal de los hijos legítimos e ilegítimos, la ley del divorcio, la supresión de la enseñanza religiosa obligatoria, la eliminación de subvenciones a los colegios confesionales, la ley de profilaxis que promovía el control sanitario de los prostíbulos, además, en el Legislativo, esperaba su sanción la ley de separación de Iglesia y Estado. Era un poco difícil de tragar para los recalcitrantes católicos del Opus Dei y estas cuestiones marcaron un enfrentamiento con el poder de propaganda que funcionaba en cada misa, en cada barrio, en cada iglesia. La iglesia funcionaba entonces como el medio de difusión del pensamiento conservador y antiprogresista.
La ciudad se vio inundada de panfletos difamatorios que se hacían en las iglesias y en los colegios religiosos; en ellos se incitaba directamente a la rebelión, de la misma manera que los curas en los púlpitos se transformaron en oradores políticos de barricada, incitando a los fieles al desorden.
La oposición, ahora vertebrada por lo religioso, se lanzó sobre flancos que torpemente ofreció el gobierno, enturbiando una gestión por muchos motivos admirable: los rumores sobre una extendida corrupción, la afiliación obligatoria al partido, la obsecuencia que bautizó con los nombres de Perón y de su esposa incontables avenidas, hospitales, escuelas, hasta ciudades y provincias. Aunque es indudable que éstos eran sólo pretextos para una oposición en muchos basada en el deseo de que se retrocediera en las conquistas sociales, que se anulara la progresista Constitución de 1949 y que la riqueza nacional no siguiera repartiéndose por mitades entre la patronal y los trabajadores.
Así vendría el tumultuoso junio de 1955, con la procesión de Corpus Christi del 11, una multitudinaria manifestación ficticiamente religiosa, engrosada por ateos y antiperonistas de todos los colores, incluido el siempre incorrecto Partido Comunista dando un paso más en falso y aliándose con la oligarquía. Luego la excomunión de Perón por la expulsión de los monseñores Tato y Novoa. Más tarde, se desencadenaría el bombardeo de la Casa Rosada por parte de aviadores de la Marina, con el ominoso resultado de cientos de muertos. A la noche de ese mismo día, la quema de varias iglesias capitalinas y la curia, como revancha por los sucesos del día.
Poco faltaba para el triunfante golpe del 16 de septiembre, cuyo jefe, Eduardo Lonardi, nacionalista católico, había sido peronista pero luego, como muchos, pasó a la oposición influido por el conflicto entre Perón y la Iglesia.
Los profetas del odio y del fracaso
Ahora la actualidad: En ocho años de gestión, se han logrado bastantes cosas en lo social, fundamentalmente creación de miles de fuentes de trabajo, disminución de la mortalidad infantil y del analfabetismo, crecimiento continuo, en ocho años únicos en la historia de la argentina, mejoramiento continuo de las clases pasivas, inclusión jubilatoria para amas de casa y empleados en situaciones de trabajo en negro; disolución de las Administradoras de fondos de pensión y regreso a la jubilación de reparto, con eso reingreso de una buena cantidad de dinero a las arcas del estado y por lo tanto distribución inclusiva con la Asignación Universal por hijo. Como frutilla de la torta y para el horror de la santísima iglesia católica el matrimonio igualitario, en carpeta la ley del aborto. Entonces vamos a suponer que no van a decir nada, que no van a patalear e intentar destruir a este gobierno como sea. Recordemos que ellos durante muchísimos años fueron los dueños de este país y fuimos los negros que emergieron de la tierra los que vienen a disputarles el poder. Ellos van a chillar como marranos y lo van a hacer hoy, no desde el pulpito de las iglesias de barrio, sino desde los monopolios mediáticos. Allí está hoy la batalla, hay que defender la ley de medios, porque su aplicación es otra derrota al enemigo, un enemigo que tiene una cara visible y otra agazapada. Por ejemplo, Amado Boudou dijo hace unos días que “ Ellos son profetas del odio y del fracaso, que escriben en sus medios con sus nombres supuestamente importantes . Queremos decirles con nombre y apellido, a Joaquín Morales Solá, a Mariano Grondona, a Jorge Rendo, a Julio Blanck, a Eduardo Van der Kooy y al jefe político de todos ellos, el señor Héctor Magnetto, que el pueblo no les cree, que el pueblo se cansó”. “Quiero decir que estos periodistas son los verdaderos periodistas militantes, ellos son militantes en contra del gobierno, de la Argentina y de la unidad latinoamericana”.
Estas declaraciones nos permiten simplemente tomar algo de lo que ya todos sabemos, hay un enfrentamiento no con la prensa sino con los profetas que defienden los intereses de las corporaciones que solo quieren un país menos igualitario, porque la igualdad va contra sus intereses económicos.
Clarín y La Nación, representan hoy los intereses más conservadores de este país, ellos son solamente las voces de las fuerzas retrogradas y anti populares en la argentina, como lo fue la iglesia en el 55 y aun lo siguen siendo, solo que ya no necesitan el pulpito de la iglesia barrial, porque los que van a misa son pocos y están bien adiestrados, ahora necesitan los medios masivos porque el poder de la TV y la repetición en diarios y radios, son el martillo que pretende cambiar el rumbo del progresismo.
Las acciones y circunstancias son las mismas que en 1955. La oligarquía busca la misma significación, como cuando se agudizó el proceso de polarización, la iglesia en aquel caso no toleró ambigüedades: o se era peronista o se era antiperonista y los que no estaban en el bando peronista o estaban en dos incurrían en pecado, y es en ese contexto que una procesión católica pudo transformarse en una manifestación antiperonista.
Ahora creo que la madurez de estos tiempos, que logramos los argentinos, después de las matanzas realizadas por los militares durante la noche negra, nos permitirá no caer en la tentación de la peor de las liturgias del peronismo, que tiene que ver con la expresión más indigna de la paranoia. Las Acciones de la Oligarquía, no atentan contra el peronismo o el kirchnerismo, la opción no es Cristina o Magnetto. La opción siempre fue la misma: poder popular u oligarquía. Entonces si lo tenemos claro, como diría Néstor: “Ni un paso atrás”.
Construyamos la alternativa
Leo Lignazzi
sábado 26 de noviembre de 2011
viernes 25 de noviembre de 2011
La militancia y las Politicas Publicas
Durante la jornada de hoy en el predio de deportes de la UOCRA, los peronistas de la provincia de Buenos Aires estuvimos presentes en el Primer Encuentro sobre Politicas Publicas.
El evento de la militancia fue encabezado por el vicegobernador electo Gabriel Mariotto y acompañado por el Senador electo Sergio Berni, funcionarios politicos, cuadros tecnicos y militantes de todas las localidades de la Provincia.
Desde Zárate estuvimos presentes trabajando en distintas comisiones tecnicas, entre ellas de Educación, Politicas Sanitarias, Transporte, Inclusion Social, Medio Ambiente y Energia, Juventud, Deportes, Comunicacion y Cultura, Seguridad Ciudadana, Ciencia y Tecnología.
Representando a la Unidad Basica 7 de Mayo Isidoro Pared, la JPBA, la JPBA en la Campora y a Causa Peronista, la agrupación bonaerense que conduce la compañera Daniela Bambill, estuvieron mas de veinte cuadros que trabajaron en las distintas tematicas.
El cierre estuvo a cargo de los compañeros Jose Ottavis y Cuervo Larroque. Además estuvieron presentes entre otros las senadoras electas por la segunda seccion Marina Moretti y Cecilia Comerio y el Intendente electo de San Antonio de Areco Paco Durañona.
EL CULPABLE
Por Felipe Yapur
Lideró el Operativo Independencia, laboratorio represivo del terrorismo de Estado. Asesinó impunemente y fue condenado 32 años después.
Ha muerto un genocida. Ha muerto Antonio Domingo Bussi, que es de los muertos que no merecen ni siquiera pena, lástima y mucho menos un pésame. Se fue de este mundo juzgado y condenado, que no es poco para el responsable de “los cientos de campos de detención” que funcionaron en la provincia, tal como él lo reconoció ante el único tribunal que lo condenó, en 2008, a cadena perpetua.
Había llegado por primera vez a Tucumán en los años sesenta, cuando la dictadura de Juan Carlos Onganía, cerraba once ingenios azucareros generando una de las más importantes crisis económicas y sociales de su historia. Un hecho que no lo conmovió. A mediados de 1975 se instaló por segunda vez. En esta oportunidad fue para hacerse cargo del Operativo Independencia, el laboratorio represivo con el que los militares a su mando, pusieron a prueba el terrorismo de Estado que luego desplegaron en todo el país. El 24 de marzo de 1976 tomó el control de la provincia con su ya aceitada maquinaria de matar. En aquella madrugada, sus secuaces secuestraron –entre tantos otros– al senador peronista Guillermo Vargas Aignasse, quien permanece desaparecido. Seguramente, Bussi jamás imaginó que 32 años después, sería condenado por ese caso.
Entre las ceremonias que presidía en ese tiempo de mandamás de Tucumán, Bussi solía convocar a sus oficiales al centro clandestino que funcionaba en el Arsenal Miguel de Azcuénaga, ubicado en la zona norte de la capital provincial. Allí, frente a una fosa, se mostraba orgulloso de ser el primero en disparar a la nuca de los detenidos, que incluían a adolescentes, como el caso de Ana Corral. El macabro rito tenía como intención lograr la complicidad de los participantes y una segura omertá para los años venideros.
La democracia lo encontró retirado y gozando de las mieles de la fortuna acumulada en los años de la dictadura. El juicio a las juntas militares lo obligó a recluirse en Tucumán. Allí habían quedado viejos amigos de la oligarquía azucarera, esa que aprendió a soportar sus modales de general tropero pero que no lograba aplacarlo a pesar de aportarle fuertes sumas de dinero. No sólo lo recibieron, sino que lo cobijaron y hasta le hicieron de base para su incipiente carrera política. La ley de Punto Final le garantizó la necesaria impunidad y tranquilidad para desarrollar su nueva actividad. En 1989 asumió como diputado nacional desde donde prestó servicio fiel al menemismo privatizador. Ramón Ortega le impidió ser gobernador en 1991, pero cuatro años después, tras una pésima gestión del cantautor, el genocida consiguió el objetivo: conducir la provincia por el voto popular. Aquello significó un insoportable trauma para la democracia pero sobre todo para los miles de familiares de detenidos desaparecidos, que veían al verdugo de sus familiares convertirse en mandatario provincial. Fueron cuatro años plagados de atropellos, desaguisados y denuncias por corrupción. Para sorpresa de muchos, la aparición de millonarias cuentas a su nombre en bancos de Suiza, Alemania, los Estados Unidos y Holanda, terminaron con su carrera política.
Hubo que esperar que el gobierno de Néstor Kirchner anulara las leyes de impunidad, para que por fin el carnicero de Tucumán se sentara en el banquillo de los acusados. Durante el proceso judicial sólo hubo en él una muestra de humanidad. Fue cuando lloró y nada más. Nunca brindó siquiera un dato, una pista de dónde están los desaparecidos y mucho menos arrepentimiento. Lo importante es que se demostró que ni hubo errores ni excesos. Ahora bien, si la biología no lo hubiera cercado y la justicia lo condenaba en todas las causas que tenía abiertas, habría purgado algo así como 3125 años de prisión, según calculó el joven fiscal tucumano Pablo Camuña.
La condena le llegó gracias a la lucha y al tesón inclaudicable de cientos de madres que rondaron sin descanso la plaza Independencia de Tucumán. Seguramente que Pirucha Campopiano, Nena Ponce, Graciela Jeger, Marina Curia, Elsa Medina y tantas otras, podrán descansar en paz porque finalmente hubo juicio y castigo para Bussi, el culpable. <
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